Instamos a instalación de la fase pública de la negociación con el ELN y exigimos participación de la sociedad en la construcción de la paz

Instamos a instalación de la fase pública de la negociación con el ELN y exigimos participación de la sociedad en la construcción de la paz

La Mesa Social para la Paz es una iniciativa de distintas organizaciones sociales que han venido insistiendo en la importancia de la participación de la sociedad en el actual proceso de paz.

En este sentido, estas organizaciones han convocado al Gobierno Nacional, a los empresarios y a todos los sectores de la sociedad a un gran diálogo nacional para solucionar, entre todos, las causas estructurales del conflicto social, político y armado que vive el país.

En ese papel y valorando la importancia de un proceso de paz con presencia activa de la sociedad y propositivo entre el Gobierno Nacional y la guerrilla del ELN, nos sumamos en pleno al llamado ciudadano para que se desarrolle “una reunión urgente entre las delegaciones de ambas partes para definir el inicio de la mesa formal de conversaciones”. El país espera la noticia.

Éste es el momento que más comprensión y voluntad requiere en el proceso entre el Gobierno Nacional y el ELN para que aquél despunte a la sociedad. Por ello, y sabiendo que la paz es un derecho de todos los colombianos, le pedimos a las partes persistir y que la presión no sea el mecanismo de relacionamiento en este momento.

Reiteramos que la participación social en los procesos y definiciones de la paz debe ser de fundamental importancia y que se requieren espacios que permitan el diálogo y negociación nacional por la paz y la democracia, en perspectiva de construir la paz y avanzar en las grandes transformaciones que requiere el país para una paz justa y duradera. Esto busca ayudar a impulsar decisiones nacionales favorables a superar problemas como la exclusión, la pobreza y la injusticia que históricamente han alimentado la guerra y que no deben seguir traduciéndose en política pública del gobierno, como ha sucedido con preocupantes decisiones como la reciente venta de Isagen y la Ley de Zidres, entre otras políticas que perjudican la posibilidad de una paz sostenible y duradera.

Comité de Impulso de la Mesa Social para la Paz

Suscriben:
Congreso de los Pueblos.
Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).
Proceso de Comunidades Negras (PCN).
Central Unitaria de los Trabajadores (CUT).
Coordinación de Movimientos Sociales de Colombia (Comosoc).
Movimiento Social Discapacidad Colombia (Mosodic).
Federación Unitaria de Trabajadores Mineros, Energéticos, Metalúrgicos, Químicos y de Industrias Similares de Colombia (Funtraenergética).
Senador Alberto Castilla, Polo Democrático Alternativo.
Asociación de Cabildos Indígenas del Norte de Cauca (ACIN).
Coordinador Nacional Agrario (CNA).
Movimiento Campesino de Cajibío.
Casa de la Mujer.
Sindicato de Trabajadores y Epleados Universitarios de Colombia (Sintraunicol) seccional Valle.
Mesa Ecuménica.
Iglesia Presbiteriana de Colombia.
Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de los Misioneros Claretianos.
Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Valle (Sutev).
Red de Universidades por la Paz (Red Unipaz).
Movimiento Político de Masas del Centro Oriente Colombiano.
Red de Lucha contra el Hambre y la Pobreza.
Proceso Nacional de Identidad Estudiantil.
Minga Juvenil Nacional.
Tejido Juvenil Nacional Transformando a la Sociedad (Tejuntas).
Confluencia de Mujeres para la Acción Pública.
Sindicato Único Nacional de Mototrabajadores (Sunmcol).
Corporación Claretiana Nórman Pérez Bello.
Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA).
Comité de Integración Social del Catatumbo (CISCA).                                                Fuerza Común.
Comisión de Interlocución del Sur de Bolívar, Centro y Sur del Cesar.
Movimiento Político Poder y Unidad Popular (PUP).
Asociación Minga.
Instituto Nacional Sindical (INS).
Observatorio de Movimientos Sociales Suroccidente (Omsapt).
Censat Agua Viva.
Colectiva Antonieta Mercury.
Colectivo Profes Nuevos 1278.
Colectivo de la Salud Epitelio.
Corporación Ensayos.
Rocaso Estudiantil.
Zona Pública.
Instituto de Investigación Acción en Procesos Educativos y Sociales “Orlando Fals Borda (Iapes – OFB).
Observatorio de movimientos sociales del Suroccidente.

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Es necesario confluir hacia una agenda común de país

Es necesario confluir hacia una agenda común de país

Más de 150 delegados de diferentes organizaciones sociales y populares acordaron el martes 2 de febrero preparar un paro cívico nacional ante la crítica situación social que vive el país y las políticas del gobierno. El encuentro, auspiciado por el movimiento sindical, planteó también la realización de un encuentro nacional de unidad popular que permita juntar las exigencias de los diferentes sectores sociales del país en un pliego y una agenda común.

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Jornadas para la construcción de país desde y para la migración y el exilio

Jornadas para la construcción de país desde y para la migración y el exilio

Colombia es una sociedad feliz. Así parece ser, según estudios globales sobre felicidad y economía que han recibido eco en los medios de comunicación en Colombia. Sin embargo, si tenemos en cuenta la situación social y económica del país, este tipo de felicidades deberían asustarnos. La disposición de extensos territorios en Colombia para expoliación minera, el pírrico aumento del salario mínimo y la siempre más amplia brecha entre las personas ricas y las pobres deberían tener sumido al país en serias preocupaciones sobre su futuro.

Pero Colombia no da pausa. Ahora que no necesitamos visa para viajar a Europa, que hemos tenido dos Miss Universo consecutivas, aunque el segundo reinado sólo nos haya durado un par de minutos, y sobre todo ahora que la paz se ha negociado con las FARC y se empieza a negociar con el ELN, la sociedad colombiana revienta de felicidad y optimismo. Pero, ¿en verdad lo creemos así?

Aparte de todas las historias fantásticas del país del Sagrado Corazón, las personas emigradas y las forzadas al exilio sabemos lo que significa salir del oasis de la motosierra y el raponeo institucional. Con nuestro trabajo como migrantes participamos de forma significativa en la economía del país: las mesadas de dinero que las personas emigradas y exiliadas regularmente enviamos a nuestras familias en Colombia alcanzan anualmente cerca de 4.000 millones de dólares anuales. Entre enero y septiembre de 2015, estas remesas totalizaron 3.403 millones de dólares, lo que equivale al 1,5% del Producto Interno Bruto y el 8% de los ingresos corrientes de la balanza de pagos (3). Nadie puede decir, pues, que la comunidad colombiana emigrada no realiza un aporte significativo al país. Pero, ¿tenemos el mismo derecho de decidir y participar políticamente en el rumbo del país?

En las negociaciones en La Habana para la finalización del conflicto armado en Colombia se logró visibilizar la importancia y relevancia de las víctimas para la superación del conflicto e igualmente se logró que una persona refugiada fuera escuchada por medio del Foro Internacional de Víctimas. Sin embargo algunas personas estamos convencidas de que tanto la definición del concepto de víctima como la definición e implementación de medidas para el ejercicio de justicia, reparación y memoria en los crímenes de lesa humanidad y en violaciones de los derechos humanos, como condición inevitable para la reconciliación, aún no satisfacen las expectativas de muchas personas y todavía son campos en disputa.

Si bien es cierto que nos alegramos profundamente de lo avanzado hasta ahora en el tema de reconocimiento y visibilización de las víctimas, también miramos con escepticismo los aires bonachones que auguran el advenimiento de la justicia y la democracia en Colombia tras la negociación con las FARC, en especial porque vemos inconsistencias en la Ley de Víctimas y porque aún no vemos que la participación de las personas emigradas o en condición de exilio esté vinculada con perspectivas de mejoramiento sustancial de sus condiciones de vida.

Por el contrario, vemos con preocupación los discursos diferenciadores entre una supuesta ‘migración económica’ y el ‘exilio político’. Esta diferencia se traza desde una perspectiva moral, que otorga a las personas en situación de exilio una cierta superioridad altruista que les determina como interlocutoras primarias en la construcción de país. A cambio de esto, la llamada ‘migración económica’ es vista como una opción no obligada, no victimizante y ausente de cualquier base política. De hecho, esta diferenciación genera nuevas exclusiones y jerarquías sociales y, muy al tono con lo que es la realidad de la migración en Europa, puede significar la negación de los derechos básicos de quienes la integran.

Igualmente, nos parece preocupante que en la búsqueda de la paz se dé por hecho que la gran preocupación de la comunidad emigrada y en situación de exilio sea el retorno. Reconociendo la importancia de que las personas retornadas deben hacerlo con garantías y derechos, desconfiamos de un discurso que apunta a la construcción de esas garantías, pero que desconoce la legitimidad del derecho a la vida digna de las personas emigradas, pues suponer que la única forma de acceder a derechos y garantías es el retorno es aceptar que sólo mediante el abandono de la condición migrante se puede aspirar a ser una persona de derecho y con derechos. Las experiencias que muestran la solución de los
conflictos en otros países y los  intercambios con personas migradas o refugiadas de todo tipo nos indican la necesidad de derechos tanto en las sociedades de recepción como en Colombia para una migración que será circular o, dicho de otra manera, con múltiples idas y venidas entre los territorios.


Porque no hemos llegado al paraíso

Llegar a Europa fue y sigue siendo para muchas personas una experiencia traumática y victimizante. Por una parte, nuestras familias y amistades en Colombia suponen que hemos arribado al paraíso y esperan que lo mas pronto posible empecemos a enviarles dinero. Por otra parte, la inclusión social y el respeto a nuestra identidad en tierras europeas están desde nuestro arribo amenazadas y quienes llegamos a Europa debemos someternos a estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que, en gran parte, se han construido y se siguen construyendo sobre la criminalización y explotación del ser no europeo.

Los permisos de residencia y trabajo, los visados, la exigencia de asimilación cultural, las cárceles de deportación, el régimen laboral, los limitados derechos a la salud y la educación, como también el desconocimiento de nuestro saber y nuestra experiencia vital acumulada, nos recuerdan día a día que el paraíso europeo sólo ha sido posible por medio del colonialismo, de la exclusión y del sometimiento por medio de la fuerza del otro no europeo y de todas las tradiciones culturales no europeas.

Europa, es decir la tradición blanca, colonialista, capitalista y patriarcal, ha desarrollado hace años una política de represión, persecución y exclusión de las personas inmigradas en sus territorios. Las personas colombianas no estamos exentas de esta dinámica de violencia institucional del eurocentrismo y, aunque nuestro ego arribista y clasista del ser colonizado nos haga creer siempre que estamos en el ombligo del mundo, nuestro corazón de tierra y pueblo nos duele a gritos cada día, en medio de la discriminación y el racismo de las sociedades europeas.

Llamamiento

Ante esta situación, personas y organizaciones migrantes colombianas vemos en el llamamiento de las organizaciones sociales y políticas de Colombia para construir la Mesa Social para la Paz una oportunidad para reconstruir los tejidos sociales y culturales de la comunidad colombiana emigrada y en condición de exilio.

Igualmente, vemos en la Mesa Social para la Paz la posibilidad de redefinir la participación  de la población emigrada y en exilio en los procesos de negociación política para la definición de un nuevo modelo de país, como también la posibilidad de generar cambios significativos  en las relaciones sociales e institucionales que nos determinan en los países que habitamos como migrantes. Con esto queremos decir que, si bien la Mesa Social para la Paz es una posibilidad de construir país desde la migración y el exilio, como también en la migración y el exilio.

En el mes de noviembre de 2015 se realizó un primer encuentro de la Mesa Social para la Paz en Ginebra. La propuesta del segundo encuentro pretende dar continuidad a algunas de las reflexiones planteadas en este evento como la necesidad de regularizar encuentros en diferentes ciudades, de vincular la población inmigrada a procesos de reflexión a partir de los contextos locales. En esta ocasión queremos convocar a la población colombiana inmigrada y en situación de exilio en Suiza y en Europa a un encuentro para reflexionar acerca de la situación de las personas colombianas inmigradas, los mecanismos de participación e interlocución de esta población en los procesos de negociación para la democratización del país y, finalmente, para discutir la recientemente aprobada Ley de Víctimas y las repercusiones de ésta para la población emigrada y en situación de exilio.

Programa

Viernes 4 de marzo
19:00 – La participación de la sociedad civil en los procesos de negociación para la democratización del país y la perspectiva desde la migración y el exilio.
Charla pública con:
– Gina Suárez, Confluencia de Mujeres, Congreso de los Pueblos, Bogotá.
– Iván Forero, Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), Madrid.
– Diego Gómez, Congreso de los pueblos, Europa.

Sábado 5 de marzo
10:00 – ¿Qué es la ley de víctimas? Marcos jurídicos para el trabajo de justicia y reparación, Iván Forero.
11:30 – El trabajo de memoria en la negociación para la democratización del país, Felipe Polanía.
13:00 – Almuerzo.
14:30 – Trabajo en grupos:
– Situación de las personas inmigradas.
– Participación e interlocución, ¿para qué? Definición de intereses.
– Víctimas, definición, marcos jurídicos y contextos políticos.
17:00 – Pausa.
17:30 – Presentación del trabajo en grupos y discusión en plenaria.
19:00 – Película “El rastro de Camilo” de Diego Briceño Orduz (2015).
20:00 – Cena.
21:30 – Pachanga de la solidaridad.

Domingo 6 de marzo
11:00 – Brunch.
13:00 – Perspectivas, plan de acción y resoluciones finales.
16:00 – Cierre del evento.